w w w . p u e r t a d e h i e r r o .
c o m . a r
Historia
Cada dúplex tiene un identificatorio de sabor medieval y eventualmente puede llegar a prestarse a juegos de sociedad INTER-SE o quizás a disfraces y festejos carnavalescos.Parador 2 |
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Generalidades
Contrario a lo que hoy
creemos, la edad feudal no fue ni tan sanguinaria ni tan autoritaria ni tan inmisericorde
cuanto la imagen actual nos refleja.
En Europa, la autoridad feudal totalitaria y absolutista era cierta en España, en parte
de Francia, en Inglaterra, en parte de Alemania y realmente absoluta en los países que
rodeaban el Mar Báltico y en Rusia.
Sorprendentemente si estudiamos un poco en profundidad la sucesión de acontecimientos
prenapoleónicos de Italia descubriremos que con excepción de los Borgia, los Sforza y
alguna que otra familia feudal las condiciones del pueblo eran de lejos más benignas que
lo que tenemos fotografiado en nuestro inconsciente. Grandes nobles humanistas como los
Medicis desarrollaron formas de interacción social muy protectoras de las clases bajas.
Las comunidades que eran repúblicas estaban regidas por consejos de gobierno (Lucca,
Parma Piacenza, Siena, etc.) y tantas otras gobernadas por un elector ejecutivo (llamado
Confalonieri o Gonfalonieri) muy vigilada por pseudo congresos de nobles y/o plebeyos que
defendían y refrendaban los derechos de los humildes. Otras ciudades importantes como
Liorna, Livorno, Génova, Amalfi, Ventimiglia, etc. se sostenían de las riquezas que
generaba el comercio y el poder lo detentaban las familias más ricas. Pero siempre
compitiendo para destacar usos misericordiosos.
No podemos dejar de tener en cuenta que una buena tercera parte del territorio italiano
eran los estados pontificios que eran gobernados por el Sumo Pontífice (cargo electivo)
que siempre fue votado por dignatarios eclesiásticos que debían tener muy en cuenta las
cualidades de misericordia, indulgencia, santidad y justicia de los candidatos papables.
A esa organización social le tenemos que agregar las muchas comunidades religiosas cuya
razón era la misericordia, el cuidado de enfermos y la atención de la pobreza, como así
también organizaciones que si bien fueron en origen de sacerdotes muy cerca de su
fundación quedaron integradas de plebeyos o de nobles cuya única razón era solventar
las necesidades de salud etc. de las personas más necesitadas. En Circa año 1150 es
fundada la orden de los caballeros hospitalarios que llega a nuestros días y se difunde
en toda Europa atendiendo en hospitales la salud pública (capa celeste, cruz blanca como
la que adopta Richelieu para su Corp de Garde palaciego).
No ignoramos la escasez de elementos de primera necesidad, el hambre, y la falta de
organización y racionalización de la industria y de la producción agrícola, pero
tengamos presente la hoy ignorada vocación de socorro que era condición básica de la
buena cuna y su obligación de credo religioso.
Trazando una generalización de los sistemas políticos (todos diferentes) que regían la
mayoría de los grupos habitacionales del medioevo (en Italia no existieron fronteras
precisadas) podríamos decir que el ejecutivo lo ejercía una persona noble o plebeya que
se llamaba Confalonieri (electiva), el Legislativo un consejo de ciudadanos pudientes
(nobles o plebeyos) que sentían como deshonra el ignorar las necesidades del pueblo y un
poder judicial que en comunidades pequeñas era unipersonal, llamado Podesta.
El conocimiento de todo esto podría servir para que sus menores jugaran a la Edad
Media y usando los estandartes y símbolos medievales que encontrarán Uds. en el
dúplex podrían llamar a Rota enviando un menor Podesta al
concilio (Rota) de todos los dúplex simulando modos tradicionales del medioevo.
En este sentido le sugerimos consulte a nuestro Comisario de abordo que está adiestrado
para asesorarlo en cuales eran los procedimientos de uso común.
Tengan en cuenta, señores jefes de familia, que instaurar un entretenimiento de estas
características le daría a los menores una actividad menos habitual y un mayor
conocimiento histórico de un período cuya realidad está muy distante de la imagen
actual.
Pverta de Hierro, su antecedente histórico
El nombre del complejo,
Puerta de Hierro, es, junto con la de Alcalá y la del Sol, una de las tres puertas
mayores de la antigua Madrid. Hoy es un barrio de la misma, por lo que el oso y el
madroño del escudo de la ciudad es apropiado y le atañe.
Quien visitó la ciudad condal y llegó al puerto de Navacerrada, o traspuso los gigantes
hasta Segovia pudo bien imaginar entre las sombras del bosque nevado que atravesaba la
imagen del oso del escudo subiendo al árbol.
Las crónicas hablan de que en el año 1211, Alfonso VIII preparó en Madrid una
expedición contra el reino de Murcia. Las huestes madrileñas ostentaban como enseña el
oso prieto en campo de plata. Al año siguiente en 1212, se dio la batalla de Las Navas de
Tolosa. El Concejo de Madrid llevó la vanguardia a las órdenes de D. Diego López de
Haro, señor de Vizcaya; también en esta ocasión ondeó al viento la enseña antes
descrita. Y lo mismo sucede años más tarde, en 1217, cuando el rey Fernando III el Santo
tomó Sevilla. En todos los casos el oso era una figura pasante.
Este emblema propio de Madrid, con el oso, es el comienzo de lo que será su escudo.
Todavía no han aparecido las estrellas ni el arbolito ni la corona. Parece ser que en
época de la Edad Media los campos de Madrid estaban bien abastecidos de osos y que tal
vez por eso lo tomarían como enseña. En algún momento se llamó Ursaria a la zona y hay
testimonio escrito de la abundancia de este animal y se habla de ello en crónicas y
documentos. En el Libro de Montería del rey Alfonso XI se dice: Madrid, un buen lugar de
puerco y oso.
Posteriormente se pintaron en el lomo de este oso pasante siete estrellas. Don Francisco
de Batzan Vergara asegura en alguna crónica que la estrella Polar era la que estaba en la
dirección de su rabo. Los genealogistas han querido ver en estas estrellas y en el oso la
alusión a la constelación de Bootes tan íntimamente ligada al mito de las dos Osas o
del Carro. Se basan para ello en decir que Madrid estaba en lo que se llama Carpetania y
que Carpetum en latín quiere decir carro. En este caso, no se trataría de un oso, sino
de una osa. Lo cierto es que durante bastante tiempo el escudo de Madrid fue éste: un oso
(tal vez osa) pintado sobre azul, con siete estrellas sobre su lomo y paciendo sobre pasto
verde.
Años más tarde surgieron desavenencias entre el Concejo y la Clerecía por el disfrute
del monte y tierras de pasto de los alrededores de Madrid hasta la sierra. El pleito duró
20 años. Llegaron por fin a un acuerdo y la concordia se estableció en los siguientes
términos:
Se daría a la Villa de Madrid todos los pies de árbol y la caza.
Se daría al Cabildo eclesiástico todos los pastos.
Para que el acuerdo quedara bien sellado y para memoria de todos se acordó que el escudo
de la Villa llevaría el oso (u osa) con el añadido de un árbol, y el escudo del Cabildo
llevaría el mismo animal paciendo en unos pastos. Se modeló de nuevo el escudo al que se
le añadió además del arbolito una orla azul y sobre ella las siete estrellas de ocho
puntas, (tres a los lados y una abajo) que antes estaban sobre el lomo del animal. El oso
(u osa), empinado al tronco, para indicar la posesión de pie de árbol.
No se sabe con certeza en qué momento se empezó a asegurar que el arbolito del escudo
era un madroño. Ha sido una tradición muy tenaz y muy firme. Para apoyar esta
tradición, el Ayuntamiento de Madrid viene sembrando desde hace algún tiempo, en el
Retiro y otros jardines el madroño. Pero últimamente la investigación de científicos
unidos (historiadores, geólogos, botánicos, zoólogos) viene a demostrar que en esta
zona de Madrid no hubo madroños, al menos no los hubo en abundancia y como bosque. En
cambio dicen los científicos que sí hubo profusión de un árbol llamado almez o lodón,
que era una especie autóctona del lugar. Este árbol tiene también unos frutillos rojos.
Otros historiadores dicen que el rey de armas que pintó el escudo no se detuvo a
reproducir tal o cual especie sino que pintó un arbolito con frutos rojos para que se
distinguieran bien.
Portofino
Tan maravillosa resulta esta apacible ciudad pesquera que hay que recurrir a las palabras
de la autoridad para describirla. Guy de Maupassant, hechizado por su magia, escribió en
1889 de Portofino: Los veleros se deslizan a una distancia efímera de las rocas.
Entonces, de repente, en una ensenada oculta se deja ver un pequeño pueblo, Portofino,
que se ajusta a la orilla de esta pacífica bahía, rodeado por bosques de un verde
vívido y profundo. Jamás viví una sensación tal como la que sentí en cuanto entré a
esta caleta.
Portofino ha sido capaz de mantener, a lo largo de los años, el pintoresco aspecto
antiguo que lo caracteriza. De hecho, existen numerosas construcciones de los siglos XVI y
XVII, como el oratorio de Santa María Assunta o el Colegio Genovés. Pero el tesoro más
preciado de tan artístico paisaje es San Jorge, el valiente héroe armado que combatió y
venció al temible dragón. La iglesia de San Jorge fue construída en el siglo XII, pero
un bombardeo la destruyó y debió ser reconstruída en los años cincuenta.
Su principal fuente de ingresos en la actualidad es el turismo y la producción de
encajes, que se siguen haciendo como en el siglo XVIII.
Innsbruck (ciudad electora)
La ventajosa posición del valle del Río Inn permitió el asentamiento de poblaciones
desde la Edad del Bronce. Aldrans, Lans, Igls y Vill son evidentes reminiscencias
probatorias de la presencia de aquellas.
Innsbruck se ganó el status de ciudad en 1239. Su nombre significa puente sobre el
Inn y fue precisamente este puente el factor clave para el desarrollo del comercio
de bienes entre las regiones del norte y del sur de los Alpes. Los condes de Andechs
construyeron una fortaleza para proteger la ciudad.
En 1429, Innsbruck se convirtió en la capital del Tirol, de hecho, los siglos XV y XVI
fueron los siglos de oro de la ciudad. El emperador Maximiliano I convirtió a la ciudad
en un importante centro administrativo, financiero y cultural. Luego de sucesivas idas y
venidas, el Tirol volvió a manos austríacas en el Congreso de Viena en 1814.
Innsbruck adquirió aún más importancia a fines del siglo XIX, gracias a la revolución
industrial y el surgimiento de las comunicaciones y el transporte masivos. La apertura del
ferrocarril a través del paso de Brenner en 1884 hizo de Innsbruck un punto clave en las
redes de transportes europeos, uniendo no sólo el norte con el sur, sino también con el
este y el oeste.
Guernsey
Guernesey es una isla en el canal de la Mancha. Forma parte del archipiélago de las Islas
del Canal. Es una posesión de la corona británica. Tiene una población de 58.870
personas y la capital es Saint Peter Port.
Conocida como Sarnia por los romanos, en el año 933, la isla fue tomada por
el Ducado de Normandía en el norte de Francia. Cuando en 1066 los normandos invadieron
Inglaterra, Normandía e Inglaterra fueron unidas bajo una monarquía. Durante la edad
media, Inglaterra perdió mucha de su tierra en el continente europeo pero ha conservado
sus islas en el Canal de la Mancha, incluyendo Guernsey.
La isla de Guernsey es británica, pero no es parte del Reino Unido ni de la Unión
Europea. Es gobernada por los Estados de Guernsey. Además de la isla de Guernsey, el
Bailiazgo de Guernsey incluye las islas vecinas de Alderney (población 2.400) y de Sark
(población 610), y algunas otras islas muy pequeñas. La legislatura elegida del
territorio se llama Los Estados de Deliberación. El jefe de gobierno es un administrador
elegido llamado el Bailiff, y el jefe de estado es el Teniente Gobernador, que es
designado por la Reina.
Fue originalmente una
colonia Romana, que fue ganando importancia a través de los siglos, y, una vez caído el
imperio, se convirtió en una diócesis en el año 596.
Más tarde, toda la línea de la costa, incluso Amalfi pasó a formar parte del Ducado de
Nápoles, hasta el año 839, cuando la ciudad declaró su independencia y se convirtió en
una república autónoma. La República Marítima de Amalfi se convirtió rápidamente en
un importante centro de comercio marítimo. Mantenía relaciones comerciales con toda la
península italiana, el norte de África, Medio Oriente y el Imperio Bizantino.
Este explosivo desarrollo no tardó en suscitar no sólo la llegada de piratas (expulsados
sin dificultad por la armada de la ciudad) sino también la envidia de los estados
vecinos. En el año 1131, luego de sucesivos ataques, la república de Amalfi fue anexada
al reino de Sicilia, aunque seguía manteniendo cierta autonomía con respecto al manejo
del comercio marítimo. Gradualmente, las relaciones con el Este comenzaron a temblequear
debido a las políticas implementadas por los Normanos y Pisanos, quienes
llegaron a la costa en 1135 para destruir todo lo que encontraron a su paso.
El lujo y la opulencia de la vieja república marítima era ahora un recuerdo, y el
comercio marítimo fue limitado a esporádicos contactos con Italia del Sur. Un breve
revivir científico y cultural ocurrió cuando Giovanni Gioia, alrededor del año 1200,
inventó el compás.
Cap Ferrat
Situada en una península aguda, que penetra invasivamente en el Mediterráneo, rodeada de
extensas playas de rodillos y de arena, Saint-Jean de Cap Ferrat es actualmente uno de los
puntos más pintorescos de la Côte dAzur.
Su primer nombre fue Anao, otorgado por los antiguos pobladores de la región. La comuna
actual fue creada en el año 1904, cuando fue separada de Villefranche-sur-Mer, y se
convirtió en uno de los primeros lugares residenciales de la Costa Azul.
Más tarde (en el siglo VI d.C) fue tomada por los lombardos, y, entre los siglos IX y X
los sarracenos asolaron el área. Éstos fueron expulsados en la batalla del fuerte de San
Hospicio.
La mitad de este territorio perteneció en algún momento a Leopoldo II de Bélgica, y
durante la Belle Epoque (1870-1914) fue el sitio elegido por los millonarios europeos,
norteamericanos y rusos para construir sus opulentas mansiones. En la actualidad está
abigarradamente construida con palacios que compiten en magnificencia y estilo, y concita
la concurrencia de la más rancia nobleza europea.
Ibiza
En el año 654 a.C, los fenicios descubrieron Ibiza y fundaron la ciudad, denominándola
Ibossim. Tuvo asimismo numerosas conquistas de pueblos antiguos: por Ibiza
pasaron los mencionados fenicios, luego los griegos, los romanos, los vándalos, los
bizantinos, los árabes y los moros. En 1235, la Reconquista Cristiana derribó a los
árabes en manos de los catalanes. Sin embargo, la peculiar belleza de Ibiza debe su
condición a la influencia árabe y mora de sus antiguos pobladores. La influencia mora
también se manifiesta en la construcción de las casas, en los vívidos colores de las
vestimentas de los pobladores y, más directamente, en el dialecto de la isla: Ibicenco
(lenguaje de los piratas sarracenos en todo el Mediterráneo).
Debido a su estratégica posición entre Europa y África, Ibiza fue frecuentemente
asaltada por piratas y corsarios, ya que se trataba de una parada obligada para los barcos
cargueros que realizaban largos viajes y por extensos periodos fue refugio de los más
sanguinarios piratas sarracenos cuyas banderas izadas en los murallones aterrorizaban a
los navíos en tránsito que inadvertidamente se acercaban a su costa. También sus ricos
suelos y la fortaleza de sus nativos atraían a innumerables conquistadores que querían
usufructuar las tierras y vender a los pobladores como esclavos. Para defenderse de los
ataques, los pobladores de la isla construyeron quince torres anillando la costa, que aún
siguen en pie, como así también iglesias amuralladas para refugiarse frente a un
eventual ataque.
Mentone
Esta fascinante y misteriosa ciudad situada en la frontera italo-francesa, entre las
costas del Mediterráneo y los Alpes Marítimos fue llamada en el siglo XIX La perla
de Francia debido a su clima excepcional y sus paradisíacos paisajes.
Fue fundada como una zona de propiedad del Conde de Ventimiglia, pero apenas la ciudad fue
construida, fue tomada por el Conde de Provenza. Fue genovesa durante largos años. En
1346, Mentone pasó a manos de la familia Grimaldi de Mónaco, que la administró hasta el
año 1848. Fue en ese año cuando Mentone, ahora independiente, obtuvo la protección del
rey de Cerdeña (Victorio Emanuel) y su primer ministro, el conde de Cavour, frenando
allí el expansionismo francés de Luis Napoleón y en particular de Eugenia Montijo, su
esposa. En abril de 1860, luego de 12 años de protección sarda y por un plebiscito
popular, los habitantes de Mentone decidieron que la ciudad pasaría a manos de Francia.
Fue definitivamente francesa en febrero de 1861. Actualmente, es parte de la rivera
francesa y sus construcciones son mayoritariamente medievales. La gran atracción
arquitectónica de Mentone es su castillo, que data del año 970 y que aún es visitado
por miles de turistas por año.
Siena (República)
Situada a trescientos veintidós metros sobre el nivel del mar, en el corazón de la
Toscana, Siena se halla construida en tres colinas, manteniendo intacta su apariencia
medieval caracterizada por calles angostas y edificios de la época.
Si bien perteneció a los etruscos, adquirió importancia como colonia romana. Los Romanos
la denominaron Saena Julia y dedicaron la ciudad al entrenamiento militar de
sus tropas.
En el medioevo, fue primero asiento de los lombardos, y luego de los condes carolingios.
Entre los siglos IX y XI fue de dominio episcopal, aunque adquirió poder e importancia en
el año 1147, cuando se convirtió en municipio. Como tal, hizo del conquistar los
territorios vecinos su prioridad.
Esta decisión hizo que Siena se convirtiera en un centro urbano, económico, cultural y
sanitario importante, aunque también fue el principio de su fin. En el año 1555, fue
sitiada por los florentinos y vencida. Así, perdió su autonomía y pasó a formar parte
del ducado. En el siglo XIX, Siena pasó a ser parte del ducado de Toscana.